Nunca llegamos tan lejos como lo teníamos planeado. Supongo fue el miedo de sentirnos perdidos y no poder encontrar el camino de regreso.
Llevábamos en los bolsillos un puñado de ilusiones y cerca de $60 pesos. Vimos hacia enfrente y solo había carretera. Había incertidumbre.
Nunca nada nos detuvo, sólo lo hizo esta vez. El cenicero del auto apestaba a ansiedad y unas gafas oscuras cubriendo la tristeza de tus ojos.
No hablábamos pero nos entendíamos en el silencio, al ver pasar la nada. Mirarnos el uno al otro y sonreír discretamente. Estar.
Y el tiempo que no se detiene, hizo su trabajo y acabo con nuestras esperanzas, con nuestras vidas, con nosotros.
Adios incertidumbre, hola nostalgia, buenos días nueva vida...